Amar a una mujer


Amar a una mujer es algo natural, hermoso, indispensable... y nunca había sido un cuestionamiento hasta que en el 2019 conocí a una con la que empecé a salir. 

 

Yo también soy mujer, tengo 39 años y siempre tuve relaciones con hombres hasta hace dos años. Las relaciones entre personas del mismo sexo nunca fueron algo en lo que haya pensado, siempre me parecieron algo lógico, orgánico. Siempre pensé que la naturaleza es sabia y que estamos aquí para amarnos... y el amor es tan infinito y diverso. A pesar sentir esto, nunca tuve una relación con una mujer, simplemente porque no sucedió... hasta que llegué a los 37. Fue algo que no esperaba, sólo apareció y dije sí a la oportunidad. 

 

Al conocerla sentí una emoción inexplicable, por alguna razón en mi cabeza brillaba, hubo un destello alrededor de ella cuando la vi sentadita en el bus al que subía y en ese momento pensé: quiero ser su amiga. Y así fue, coincidimos en muchas cosas, desde el humor hasta vivir cerca. Cuando regresé a mi oficina luego del viaje dónde nos conocimos, llegué a contarle a todos de mis nuevas amigas, mientras mi cabeza se preguntaba: ¿Por qué me emociona tanto esto? No podía codificar esa emoción en mi mente. 

 

Unos meses después de conocernos, acordamos viajar de nuevo con una amiga más y yo me alegré de la rapidez de su decisión, ¡de decir Sí! Vamos y comprar el pasaje ahí en la mesa conmigo. En general, siempre viajo sola porque mis amigos demoraban mucho en decidir y mientras daban vueltas entre el sí y el no, yo ya había regresado del viaje. En general, eso siempre me ha hecho sentir un poco sola y emocionada a la vez. 

 

Me emociona mucho conocer lugares nuevos, hablar con gente nueva... todo tiene un color especial cuando viajas y en ese mismo momento de disfrute, siempre aparece en mí una melancolía chiquitita que me dice: No compartes esto con nadie. Entonces, que alguien me dijera sí voy en un instante, me puso contenta. 

 

La tercera amiga no pudo ir por algún percance que ya no recuerdo y nosotras salimos de viaje un 4 de Octubre. Perdimos el avión por una tontería. Yo que siempre creo que todo son señales en el mundo pensé: Creo que esto significa que no hay que ir o que es un viaje que costará mucho esfuerzo. A pesar de eso, logramos tomar el siguiente vuelo y llegar a destino. 

 

La llegada estuvo llena de risas, por lo idiota de perder el vuelo, por haber logrado encontrar otro y con la emoción de salir a descubrir el lugar. Verdaderamente me sentía emocionada. Salimos a buscar tours para los siguientes días, hablábamos y hablábamos. 

 

Cuando la conocí, ella había mencionado que le gustaban las mujeres, por la forma en que lo contó, no estaba muy segura de haber entendido (Y al cabo tampoco tenía importancia), pero en las primeras conversaciones lo confirmó; me contó que estaba en una relación que estaba en una etapa extraña, que tenían mucho tiempo separadas, que habían decidido abrir la relación con consentimiento de ambas. Yo la escuchaba y pensaba: ¿Cómo funcionará eso? Al continuar la conversación empecé a pensar: ¿Me esta coqueteando?... No creo... me lo estoy imaginando

 

Esa noche decidimos conocer los bares y restaurantes de la ciudad, ella seguía mencionando que tenía una relación abierta, yo diciéndole que mientras las dos estuvieran de acuerdo suponía que todo estaba bien. Ella me contaba más de su historia, yo contaba algo de la mía. Me sentí un poco intimidada, no sabía bien que contestar y cada que podía, desviaba el tema hacia lo que sea, porque igual quería saber más de ella, me parecía una mujer interesante, vibrante. Con algunos tragos encima nos metimos a un parquecito de juegos mecánicos, entramos a una casa del terror dónde me dediqué a gritar de nervios y ella se reía, nos subimos a una rueda de chicago haciendo payasadas, terminamos en un gusanito que tocaba canciones de pop coreano horrorosas alrededor de la ciudad. Muertas de risa. 

 

Nos metimos en un bar dónde un bar tender fortachón y femenino nos sirvió otros tragos y por alguna razón no había nadie en el lugar. El barman ponía canciones que nosotras bailamos solas, hacíamos pedidos musicales, cantamos Rafaella Carrá y Monseiur Periné hasta casi la media noche, en que nos fuimos porque parecía que iba a llover. 

 

Estábamos en la selva y sí, empezaba a llover poco a poco. Hacía mucho calor y se nos ocurrió que era buena idea meternos a la piscina, aunque el horario dijera que estaba cerrada. Nos fuimos riéndonos, tratando de hacer silencio para que nadie se diera cuenta. Llegamos al borde de la piscina y las dos empezamos a desvestirnos, ella se quitó el brasier y yo medio grité algo como: ¡Ah! ¡Ok!, sentí una combinación entre miedo y asombro que me paralizó unos segundos. Ella se metió a la piscina y yo me metí detrás.  

 

Ya dentro de la piscina, mi cabeza alcoholizada empezaba a atar cabos y confirmar que sí, me había estado coqueteando toda la noche y yo, no sabía qué hacer. Toda la emoción de conocerla, de que me pareciera interesante, que brillara bonito... todo aparecía en mi mente al mismo tiempo y sólo podía pensar que todo eso estaba bien. En ese momento, ella se acercó a darme un beso y yo sólo atiné a decirle: "No sé que estoy haciendo" mientras veía sus labios acercarse a los míos. La besé de vuelta, se sentía apropiado. Mi mente se puso en blanco, todo lo que recuerdo son sus labios, el desconcierto, el olor de su pelo, su cintura pequeña. 

 

Pequeños chispazos de realidad iban sucediendo entre los besos, la lluvia cayendo, el ruido de algún techo de metal, una puerta que se abría en el segundo piso y nosotras saliendo corriendo de la piscina hacia el cuarto. Todo estaba bien, todo se sentía bien. 

 

Esa noche fue la primera vez que toqué el cuerpo de una mujer en términos sexuales. Verla, verme, vernos... todo era como algo en ebullición con el que sentía una tranquilidad inesperada. El tiempo lo recuerdo intensó, condensado... la media luz, el sonido de la lluvia. Sólo me entregué a no saber y sentirme bien. 

 

A la mañana siguiente ella estaba sentada desnuda al borde de la cama, callada. Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí, pero que hace mucho que no estaba con alguien. Quise abrazarla y lo dudé por un momento, porque no sabía cómo reaccionar ante algo que había sido aparentemente casual. Igual la abracé por detrás, porque se le veía hermosa y porque sentía que había algo vulnerable en lo que me había dicho. Sólo la abracé hasta que sentí que ya era momento de pararnos de la cama y salir al mundo. Seguimos con nuestro viaje, entre cataras, lluvia y monte. Yo con cierta timidez, las dos con muchos silencios. 

 

El día anterior a irnos teníamos varios planes, pero una lluvia torrencial nos dejó en el hotel. Trabajamos un poco y nos dedicamos a besarnos otro mucho. No dejó de llover todo el día. A ratos nos sentábamos en lugares diferentes del cuarto enorme y yo la miraba de lejos, concentrada en su computadora, sólo quería mirarla. Sentía que la conocía de antes y empecé a sentirme contenta de haberla vuelto a encontrar. Sí, "haberla vuelto a encontrar" como si mi alma la reconociera de algún lugar. Sólo quería quererla, así fuera sólo ese día. No tenía sentido. 

 

El último día de viaje no había mucho tiempo para ir lejos, teníamos que estar en el aeropuerto a las 3 de la tarde, así que salimos a caminar por la ciudad y tomar un helado.

 

Sentadas viendo la calle, se nos acercó un niño a pedir dinero y ella lo miró y le dijo: “Yo te voy a dar, pero primero tienes que responder tres preguntas, ¿está bien?” el niño la miraba con desconcierto. Tres preguntas simples que el niño contestó primero con cara de no saber si eso era una broma y luego riéndose. Antes de darle la moneda prometida lo miró y le dijo: “El dinero hay que ganárselo y si estudias, puedes hacer más. ¿Vas a estudiar más?” Si - respondió el niño. Todos sonreímos. 

 

El corazón me latía fuerte de tanta hermosura. Yo podría amar a alguien así - pensé. "Eres una hermosa" - le dije. La dulzura con la que le habló al niño, el tiempo que esperó para que el tuviera una respuesta, su sonrisa cuando lo miraba. Yo me sentía emocionada y no sabía bien por qué. Seguimos hablando de su tierra y el mar, las estrellas de mar en sus manitos de niña. 

 

Regresamos a Lima y todas las fotos de ese día se perdieron. Mi celular se quemó, no tengo idea de cómo, se quemó desde dentro al parecer por algo eléctrico. Nunca pude recuperar las imágenes de ese viaje. 

 

¿Qué se hace ahora? - pensé todo el camino de regreso. 

 

Han pasado casi dos años desde ese momento y todavía me pregunto lo mismo; sólo que hoy el tiempo con ella se ha terminado y yo no sé qué hacer con todo lo que siento por dentro. 

 

El tiempo con ella me ha mostrado muchas cosas sobre cómo quiero vivir mi vida y los miedos tan profundos que han ido apareciendo con mis decisiones. Me han hecho ver que la amo y que, con ese amor, hay muchas otras cosas que aparecieron pues nunca estuvo en mi radar sentir algo por una mujer. Siento que todo el tiempo no sabía qué hacer o cómo explicarme. El tiempo con ella se acabó y por esas cosas extrañas que tiene la vida, no tengo idea de sí volveremos a cruzarnos.

 

Tengo esta sensación de desasosiego que me acompaña al lado de todas las cosas hermosas que he aprendido sólo por ella ser ella y yo ser yo. No quisiera olvidarlas (Y yo tengo un rollo con el olvido).  

 

Hoy desperté pensando que debía poner lo que siento en algún lugar, porque al menos así esta historia tiene un lugar en el espacio y yo, podré darle un lugar a la vorágine de ideas que tengo ahora que estoy sola y mi vida está cambiando. 

 

Todo lo que pasa conviene. Creo que ella también se está tratando de reencontrarse y dónde quiera que este, espero que pueda darse cuenta de la estrella que es. 

 

Y por aquí, yo me arreglo con lo mío. 



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